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Puesta en valor de la diversidad de los territorios como estrategia del desarrollo. Aportes al debate sobre economía creativa y territorio

Publicado por Fabiola Leiva 04/09/2017 sobre Desarrollo Territorial Sostenible

Puesta en valor de la diversidad de los territorios como estrategia del desarrollo. Aportes al debate sobre economía creativa y territorio

Vengo de la ciudad de Valparaíso, donde desde hace muchos años se habla de economía creativa. Esa misma ciudad que tiene muchos problemas que todos conocen: los incendios, el desempleo, la basura, son un símbolo de ello, ¿Cómo se inserta allí la visión de economía creativa y de diálogo con la ciudad que vivimos cotidianamente?.

Me parece que preguntarse esto hoy es clave, así que desde esa ciudad, les quiero compartir una visión, una manera de hacer en la que estamos trabajando. Soy parte de Rimisp, Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, una institución que lleva 30 años trabajando en América Latina, dedicada, históricamente, a la investigación rural, pero que actualmente va tendiendo hacia temáticas diversas, ligadas ya no solo al agro sino a contenidos y a espacios diversos que suceden en los ámbitos rurales, en diálogo directo con nuestras ciudades, dinámicas de intercambio cada vez más frecuentes en esta región, entre la zonas del Tamarugal y las ciudades como Alto Hospicio e Iquique.

Mi idea es hablarles de un enfoque específico para aportar al debate que lidera el Consejo de la Cultura sobre la economía creativa y el desarrollo territorial, en el que la economía creativa todavía está caminando en un carril, mientras que el territorio está haciendo un llamado de atención por varios otros. Claramente, cuando hablamos hoy de economía creativa no estamos hablando solo de emprendimientos y tecnologías o solamente del mundo artístico; estamos hablando de la capacidad de la economía para poner en valor el territorio. La invitación es a «poner los bueyes delante de la carreta», como reza el dicho de la zona central de Chile, para caminar un camino que no es corto, por el contrario, es muy largo. Les comparto, entonces, parte de nuestra experiencia en América Latina. Somos un programa que lleva diez años trabajando en varios territorios de América Latina: en Perú, en el valle del Colca, parte del territorio Moche; en Colombia, en la Guajira, Choco y Nariño; en Chile, acompañando y trabajando procesos que pongan en valor al territorio, sus identidades, sus integrantes. Me parece que hay dos conceptos relevantes al mirar la economía creativa y el desarrollo territorial, y son la relación que pueda existir entre oportunidades, tomando en cuenta nuestras amplias desigualdades. Tenemos muchas problemáticas en estos espacios, pero también tenemos inmensas oportunidades para vivir con esos problemas, superarlos e ir construyendo a partir de la transformación y los procesos de cambio.

Cuando hablamos de economía creativa, estamos hablando de estrategias de desarrollo basadas en el capital cultural del territorio y las comunidades, presentes en todas ellas, Más escondido, menos escondido, más o menos articulado, más invisibilizado o menos invisibilizado. Hablamos también de una nueva relación entre desarrollo y cultura, tratando de poner la cultura en el centro de un enfoque de desarrollo sostenible más integral, que ha evolucionado desde una noción centrada en la acumulación de capital, de crecimiento económico —como dijo Jorge Melguizo, «somos de los países más desiguales de Latinoamérica y del mundo»—, a un desarrollo centrado en la idea de generar las condiciones para que cada persona o comunidad pueda elegir el tipo de desarrollo que prefiera según los acuerdos sociales y culturales que se establezcan en estos territorios y comunidades, de manera consensuada. Un buen ejemplo de esto es la situación de hoy en Chiloé: lo que está ocurriendo no es solamente un conflicto socioambiental por el desastre de las salmoneras, es también una disputa de modelos de vida, de modelos de desarrollo que coexisten y no coexisten en ese territorio. Me parece que cuando hablamos de economía creativa, mirar la diversidad de los contenidos de Chiloé también es parte de una nueva mirada a tomar en cuenta. La CNUCYD, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, refiere la economía creativa como un potencial para generar crecimiento y empleo, es decir, entender la cultura como un recurso, como un activo que puede movilizar —sin duda— crecimiento y empleo. Pero también se señala que puede favorecer fuertemente la inclusión social, la diversidad cultural y el desarrollo humano en un territorio. Vemos, por lo tanto, relaciones potenciales entre economía, cultura, territorio y desarrollo, en un contexto latinoamericano con un dinamismo social económico que se puede basar en la riqueza cultural o natural de las diversidades que contiene la región. Cuando hablamos de territorio, y por tanto de una mirada de economía cultural que se contextualiza territorialmente, tenemos una visión que es mucho más compleja que un límite de una división político administrativa. Estamos hablando de territorios culturales, de territorios sociales, de territorios transfronterizos en el lugar donde estamos, por ejemplo, y que generan, además, un conjunto de relaciones sociales que superan la mirada sectorial, muy profundamente arraigada en nuestro día a día, no solo en los servicios públicos sino en nosotros mismos.

Debemos, entonces, salir a buscar a otros y volver a mirar las oportunidades y pensar el Comité Interministerial de Economía Creativa, en el que por primera vez hay 22 servicios públicos reunidos, en el que Cultura está sentada con Agricultura, Economía, Desarrollo Social, etcétera. Hoy existen plataformas que hace diez años no existían en términos de proyección y que —sin duda— hay que utilizar y potenciar, y ese es todo un desafío también. La apuesta que creemos que puede ser relevante para nuestros territorios, diversos, con muchas riquezas, es una que mira mucho más el territorio y sus identidades. Cuando hablamos de identidad de ese territorio, hablamos de la reunión de los recursos y de los activos que se pueden movilizar en él; por lo tanto, queremos hablar de activos culturales, porque al hacerlo podemos aportar económicamente, puede haber cohesión social y pueden establecerse nuevos sistemas de convivencia. Además, no vemos necesariamente disociados los activos culturales de los activos naturales y de los activos sociales, que finalmente son los actores y agentes que movilizan otros recursos. Hay tres conceptos que interpelan a la economía creativa: diversidad, pluriactividad y articulación. Debemos pensarnos desde las diversas vocaciones territoriales existentes y desde la articulación con otros procesos, personas, conocimientos, redes, como también en relación a los mercados, pequeños y grandes, de proximidad y de exportación de nuestros bienes y servicios culturales, teniendo en cuenta las dinámicas territoriales. Esta región no puede mirarse —culturalmente o turísticamente—solo desde la economía creativa y desde los vínculos urbanos rurales permanentes, necesita pensarse desde su complejidad. Por último, y dado el potencial turístico de esta región, se puede pensar desde ya en el turista que necesita vivir la experiencia, la vivencia del territorio y, por tanto, hay que centrarse en el fortalecimiento y en el reconocimiento de las identidades, de los quehaceres, de los saberes y de los contenidos de los territorios.

Diversidad, reconocimiento, articulación. Creemos que estos son los puntos de partida que hay que ir sembrando. Estos procesos lentos pueden nutrir —justamente— los otros grandes procesos que nos hagan más competitivos, que permitan mejores sistemas de convivencia internos, donde la economía creativa cumpla un rol relevante. Muchas gracias.

Trasposición de la ponencia presentada en el marco del Seminario de Economía Creativa para el Desarrollo Territorial 2016.  La publicación digital completa se encuentra disponible aquí