El Valor del Patrimonio Cultural

El Valor del Patrimonio Cultural

El Valor del Patrimonio Cultural

Este proyecto incluyó, entre otras actividades, la elaboración de una base conceptual y metodológica (Ranaboldo 2006), una publicación sobre el estado del arte (Fonte y Ranaboldo 2007), la realización de nueve estudios de caso en ocho países de América Latina, con una fase final de síntesis y análisis, y un conjunto articulado de iniciativas vinculadas a la comunicación y discusión de los resultados, a través de medios diversos con distintas audiencias y procesos de aprendizaje territorial.

En este volumen se presentan los artículos referidos a los casos y su análisis comparativo. 

Hipótesis y preguntas de investigación

A partir de la exploración preliminar del estado del arte de la temática y tomando en cuenta la justificación y los objetivos más amplios del proyecto, se llegó a la formulación de tres hipótesis principales a ser consideradas en los estudios de caso:

1. Muchos territorios pobres de ALC están dotados de un abundante, rico y distintivo patrimonio cultural basado en múltiples activos (materiales/inmateriales; móviles/ inmóviles). La inversión en la valorización de la IC puede constituir una estrategia efectiva de desarrollo sustentable e incluyente de dichos territorios.

2. Hay una demanda emergente, por parte de importantes segmentos de consumidores, de productos y servicios portadores de la IC asociada a territorios rurales. Los atributos valorados por dichos consumidores son los modelos de producción y consumo, los conocimientos y las costumbres locales, las diferencias asociadas a esos bienes y servicios, y la calidad de los mismos. Dichos consumidores están dispuestos a pagar un mayor precio y/o a preferir productos y servicios con IC a otras alternativas.

3. La valorización de la IC necesita del desarrollo de innovaciones en el ámbito de las políticas, las inversiones públicas y los servicios, y del fortalecimiento de actores, instituciones y redes que permitan: (a) la producción de bienes y servicios con IC; (b) la identificación y evaluación por parte de los consumidores de tales bienes y servicios; (c) la difusión del proceso y de los beneficios en forma extensa en el territorio; y (d) la participación sustantiva de los sectores pobres en la estrategia de desarrollo territorial rural con identidad cultural (DTR-IC) y en la distribución de sus beneficios.

Síntesis de grandes tendencias encontradas

Sobre la base de los resultados de la investigación, es posible afirmar que existen en ALC condiciones para procesos de DTR-IC que generen nuevas oportunidades para los sectores pobres y excluidos. Sin embargo, estas oportunidades deben considerar una serie de riesgos que las pueden ir limitando o anulando, motivo por el cual es preciso evitar asumir el DTR-IC como una nueva “receta” válida y aplicable en cualquier contexto y bajo cualquier circunstancia.

1. Existen zonas rurales de alta incidencia de pobreza y marginalidad, que se caracterizan por un notable patrimonio cultural tangible y/o intangible. La disponibilidad per se de estos valores patrimoniales no está logrando desencadenar todavía procesos virtuosos, sostenidos y masivos de mayor bienestar y desarrollo, en particular para la población local pobre. Sin embargo, hay señales de un potencial en esta dirección, por ejemplo, en la costa caribe de Colombia y sus comunidades afroamericanas; en el valle del Colca en Perú y sus comunidades cabanas y collanas; y en la costa norte del Perú con sus numerosos sitios arqueológicos de valor mundial.

2. Dicho patrimonio cultural no se visualiza tan sólo en una transmisión mecánica de la tradición sino que se recrea en un proceso de innovación a partir del encuentro de diferentes actores ubicados entre lo local y lo global. Lo anterior implica superar una mirada cerrada hacia el “mantenimiento de la tradición”, apostando por una oferta diversa y no estereotipada de los elementos que hacen “distinto” al territorio que además lo perfilan como un territorio “en movimiento” y no siempre y sólo igual a sí mismo y a sus anteriores expresiones. Por ejemplo, los productos artesanales chilotas en Chile, los bordados del valle del Colca en Perú y los objetos de madera, cerámica y algodón de la Chiquitanía en Bolivia, todos ellos, sobre la base de ciertos elementos culturales originarios (símbolos y materia prima locales), están creando nuevos modelos de artesanía de alta calidad orientados a los mercados nacionales e internacionales. La intervención de diseñadores y otros actores externos está contribuyendo notablemente a la revivificación de la tradición, no distorsionándola, y a crear “nuevas colecciones” en equilibrio entre el pasado y el presente.

3. El patrimonio cultural de estas sociedades rurales en muchos casos es reconocido en contextos más amplios —nacionales e internacionales—, constituyéndose en un “sello” de los respectivos territorios, con todas las incógnitas que aún encierra un proceso de “marketing territorial” en términos de sostenibilidad de los procesos locales que se están “ofreciendo” y de la canalización de los beneficios hacia un conjunto amplio de la población local y no tan sólo hacia unos pocos individuos y empresas. Esto ocurre, por ejemplo, en las misiones chiquitanas en Bolivia, en el Vale dos Vinhedos y Caminhos de Pedra en Brasil y en los oasis mendocinos en Argentina.

4. Segmentos crecientes de las poblaciones urbanas de los países de la región y de otras regiones reconocen en este patrimonio cultural un elemento que satisface las expectativas y demandas de recreación, cultura, salud, tradición, sentido de pertenencia, raíces, etc. Ello abre una nueva oportunidad de generación de empleo e ingresos en los territorios rurales, a partir de la denominada “economía cultural” y del acceso a mercados diversos. También se abren preguntas acerca del perfil y las características de los consumidores, puesto que la gama de los mismos es muy amplia, con demandas que van desde nuevos productos “folclóricos” destinados a un consumo masificado y, de vuelta, cada vez más estereotipado y globalizado, hasta un consumo atento a la calidad, la ética, el mantenimiento de la originalidad y las expresiones propias...(sigue).

(Extraído por la Introdución al volume, por Claudia Ranaboldo)


Libro «El Valor del Patrimonio Cultural»