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ITALIA – El Doctor Jean Paul Lacoste, Representante de la Fundación Ford para el Área Andina y el Cono Sur, intervino en el 3er Foro Mundial en DEL

06/11/2015 | Noticias generales

ITALIA – El Doctor Jean Paul Lacoste, Representante de la Fundación Ford para el Área Andina y el Cono Sur, intervino en el 3er Foro Mundial en DEL

Turín - El 14 de octubre 2015, el Doctor Jean Paul Lacoste - representante de la Fundación Ford para el Área Andina y el Cono Sur - participó como panelista en el panel “Creatividad, innovación y sostenibilidad: Comprendiendo e impulsando los vínculos urbano-rural a través de un enfoque de Desarrollo Territorial Rural con Identidad Cultural” organizado por el Programa Desarrollo Territorial Rural con Identidad Cultural del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (RIMISP) y el Dipartimento di Scienze per l’Economia e l’Impresa de la Universidad de Florencia (DISEI/UNIFI). 

ACIERTOS Y DESAFIOS DEL ENFOQUE DE DESARROLLO TERRITORIAL CON IDENTIDAD CULTURAL, INTERPELANDO AL ESTADO, LAS EMPRESAS PRIVADAS Y LA SOCIEDAD CIVIL. 

“En primer lugar quisiera felicitar a los organizadores de este panel por el perfecto equilibrio de género, a diferencia del panel de inauguración de ayer por la noche (ndlr: 7 hombres más el Papa). Mi primer acierto es que el desarrollo local sin perspectiva de género tiene el alto riesgo de reproducir los mismos errores del pasado. Dicho de otra manera, mientras las decisiones sobre el futuro de un territorio estén tomadas solo por hombres blancos, adultos, católicos y heterosexuales, el desarrollo local es una ilusión.

Al contrario, el desarrollo territorial con identidad cultural, que incluye en su diseño e implementación a las mujeres, y también a los jóvenes, los pueblos originarios, las poblaciones marginalizadas, las minorías étnicas, religiosas, sexuales, y los migrantes, tiene el potencial de aprovechar la riqueza de la diversidad, respetar los derechos de cada uno y fomentar una verdadera democracia a nivel local.

El segundo acierto y oportunidad corresponde al Estado.

En los 20 – 30 últimos años, hemos visto progresos significativos en término de descentralización; queda mucho por hacer, pero hay cierto debate sobre la estructura ideal vertical del Estado, con una distribución de poderes entre municipios, provincias o departamentos, y el Estado central. Donde hemos avanzado muy poco desde la antigüedad, es en la estructura horizontal del Estado, que sigue dividida herméticamente, con muy poca articulación entre ministerio de finanzas, de economía, de empleo, de agricultura, de desarrollo social, de medio ambiente, de la cultura, de la mujer,…

Mi segundo acierto es: mientras las decisiones del Estado sobre el futuro de un territorio estén tomadas de manera puramente sectorial,  el desarrollo local es una ilusión. 

Y la oportunidad es la siguiente: en el paradigma  del desarrollo territorial, las poblaciones locales pueden evidenciar el inmenso desgaste producido por  la falta de articulación del Estado, y exigir a las autoridades nacionales y locales colaborar entre sí a nivel vertical y horizontal. 

El tercer acierto y oportunidad corresponde a las empresas.

En las últimas décadas, hemos visto cambios significativos en el discurso de las empresas sobre su  responsabilidad social en los territorios donde desempeñan sus actividades.  Sin embargo, para la mayoría de las empresas (hay excepciones, que voy a mencionar), el desarrollo local equivale a ofrecer una cancha de fútbol, un centro cultural o un viaje a las autoridades para compensar un río contaminado, una acaparamiento de tierras o un aprovechamiento de recursos naturales locales.

Mi tercer acierto entonces es: mientras las empresas tengan prácticas que privilegian sus ganancias por sobre el costo medioambiental y social local, el desarrollo local es una ilusión. 

Pero existen múltiples oportunidades para cambiar estas prácticas, y me voy a concentrar sobre dos instrumentos.

El primero es el inmenso potencial ético de unos empresarios visionarios. No todas las empresas utilizan la responsabilidad social para limpiar su reputación. En esta misma sala, hay empresarios que definen su éxito no solo con el valor financiero de su empresa, sino también con la resolución de desafíos sociales y ambientales. Para tomar ejemplos locales, la empresa de energía EGEA, que está remplazando las energías fósiles, no renovables, por los excrementos de los bovinos, infinitamente renovables, para producir energía. O Eataly y Eataly en campana, que aproxima a los consumidores y los campesinos locales. O las Empresas B, (B-Corps en inglés) cuya constitución obliga a los accionistas a cumplir objetivos económicos, sociales y ambientales al mismo tiempo.  Estas son las empresas del futuro, que no solo buscan ser las mejores del mundo sino las mejores para el mundo.

El segundo instrumento para cambiar prácticas empresariales a nivel local es el famoso convenio 169 de la OIT,  que responsabiliza al Estado de organizar consultas previas con las poblaciones indígenas de un cierto territorio antes de hacer cualquier inversión pública o privada que afecta el uso del suelo.  Hoy, solamente 22 países del mundo han ratificado este convenio, y muy pocos de estos 22 lo están aplicando. Sin embargo, su futura aplicación es una gran oportunidad para fomentar el desarrollo territorial, respetando las identidades culturales de nuestros compañeros indígenas.

Finalmente, aciertos y oportunidades de la sociedad civil. Y cuando digo sociedad civil hablo de cada uno de nosotros. Muchos de nosotros somos del Estado o del sector empresarial, pero todos nosotros somos ciudadanos.

La buena noticia de los últimos años es la creciente participación ciudadana en las decisiones políticas locales y nacionales, en particular a través de las redes sociales, los mecanismos de planificación territorial y presupuestos participativos.

Donde queda todavía mucho por hacer para aprovechar la capacidad de la sociedad civil de fomentar el  desarrollo territorial es en la utilización del poder individual de compra.

Uno de los eslóganes del movimiento Slow Food es que “comer es un acto agrícola”, que tiene consecuencias sobre la vida de caficultores en Colombia y agricultores de Piemonte, y que también cambia las relaciones de poder, los flujos económicos, las estructuras sociales, las culturales locales, nuestra salud física y mental, y el medio ambiente a nivel local y global. Tenemos que aprovechar mucho mejor nuestro poder de consumidor, y ser más consecuente con nuestros propios valores.

Déjenme terminar con un último acierto: mientras sigamos consumiendo basados en la hipótesis de que los recursos de la tierra son infinitos,  el desarrollo local es una ilusión.

Una vez rompamos este mito de la tierra infinita, el desarrollo local, con una perspectiva bio-cultural, ya no será una elección de unos pocos, será una necesidad de todos. Espero que algunos de ustedes estarán en un par de meses en Paris para gritar fuertemente: el desarrollo local es una herramienta potentísima e indispensable para luchar contra el calentamiento global.

Muchas gracias por su atención”. 

Jean Paul Lacoste, 14 de octubre 2015, Turín. 

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